Granitos en la lengua
Usualmente los antojos surgen de manera espontánea. Cuando miramos una imagen atractiva, cuando olfateamos algún aroma sugestivo, cuando palpamos algo hechicero, cuando saboreamos una pizca de algo sabroso, cuando oímos algo seductor o cuando sentimos esas extrañas vibraciones en nuestro interior que producen la encantadora sensación de querer satisfacer algo.
Aunque también hay extraños antojos que surgen de forma parsimoniosa y sin darnos cuenta, se va incrementando su intensidad con el paso del tiempo hasta volverse una obsesión, deseo o frustración.
El autor nos presenta en las breves historias aquí plasmadas, algunas más reales que otras, una serie de personajes con situaciones que dan cuenta de ese extraño mundo de los antojos, gobernados por el imperio de los sentidos, contenidos en el mundo del goce y absorbidos por el terreno de la ensoñación. Se encontrarán sucesos alegres, otros tristes, otros chuscos y algunos dramáticos, provocados por el sempiterno deseo de lograr satisfacer un antojo a costos, en ocasiones, increíblemente complicados.
Si fuera realmente cierto que por cada antojo no cumplido brotan granitos en la lengua, seguramente muchos de nosotros, en lugar de ese órgano culpable de la secreción de baba cuando surge un antojo, al final de nuestra vida poseeríamos una masa amorfa, repleta de gránulos sanguinolentos resultado de insatisfacciones recurrentes de antojos imposibles de lograr.