Juegos de verdad
Poder, Disciplina y Gobierno en Michel Foucault
En este trabajo me gustaría perfilar, en sus trazos generales y específicos, una cartografía o, acaso, una imagen del pensamiento de Michel Foucault. Quisiera mostrarlo, en particular, como un filósofo interesado por los juegos de verdad. Se trata de una categoría muy cara al “último Foucault” en donde, tras replantear la serie de sus trabajos, se dibuja un nuevo fractal, tal vez el más englobante, en todo caso el más riguroso, para dar cuenta de su itinerario crítico por la filosofía del siglo XX. Foucault, a quien suele verse como el pensador que ha creado una metafísica del poder o una teoría cuasi funcionalista de la política, es en realidad el pensador que analiza el poder desde su fracaso, desde las resistencias que se le enfrentan y se le oponen, desde las militancias que interrogan un foco de experiencia (atravesado siempre por relaciones de poder, formas de saber y prácticas de sí); pero es, sobre todo, un pensador de la verdad; acaso el último de una generación en la que florecieron tantos proyectos decisivos que continuamos estudiando en nuestros días.
Pero, después de todo, ¿por qué escribir un libro sobre Foucault y el problema de la verdad? Entre otras cosas porque, a pesar de que su proyecto se presenta, principalmente al final de sus días, como una historia política de la verdad, el peso filosófico lo carga sin duda la noción de los juegos de verdad. Considero que tal noción nos permite ver a Foucault como un filósofo emparentado con el segundo Wittgenstein, vale decir, como un filósofo analítico y pragmático, interesado no sólo en los juegos de lenguaje de los saberes demostrativos (del orden de la ciencia), sino, sobre todo, interesado por dar cuenta de las dramaturgias del poder, de la serie de ritos, prácticas y formas de racionalidad que subyacen a nuestros sistemas de pensamiento.