Beata Alexandrina María Da Costa
Beata Alexandrina María Da Costa
La vida de la beata Alexandrina da Costa es una sonrisa bajada del cielo
a la tierra. Procuraba sonreír siempre a todos, para ocultar el martirio
interior que sufría como víctima por la conversión de los pecadores. Su
fuerza la recibía de la Eucaristía. No podía vivir sin comulgar. Y, de hecho,
los últimos 13 años vivió en ayuno total, solamente comulgando cada día.
Jesús la hizo su esposa y la hizo madre de la humanidad. La hizo partícipe
de su Pasión, que en los primeros años era vivida físicamente y después
internamente, aunque no menos dolorosa.
Uno de sus mayores sufrimientos fue el no ser comprendida, incluso por
algunas autoridades de la Iglesia. Algunos médicos fueron crueles con
ella, creyendo que era una histérica. Pero ella todo lo soportaba y ofrecía
por amor a Jesús y por la conversión de los pecadores.
Dios le concedió dones extraordinarios, como el don de la
transverberación, cambio de corazones, transfusión de sangre divina,
profecía, discernimiento de espíritus, etc.
Por revelación de Jesucristo ella pidió insistentemente al Papa la
consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María, que realizó el
Papa Pío XII el 31 de octubre de 1942.
Su vida es un ejemplo para nosotros y un acicate para amar cada día más
a Jesús Eucaristía, a María nuestra Madre y al ángel custodio.