MéxicoMéxico
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ISBN 978-607-8649-57-0

Play ball: Beisbol en Aguascalientes 1883-1940

Autores:
Valdez Rubalcava, Víctor Alan
García Pimentel Ruíz, María Dolores
Editorial:Instituto Municipal Aguascalentense para la Cultura
Materia:Historia general de otras áreas
Clasificación:Historia social y cultural
Público objetivo:General
Publicado:2025-11-26
Número de edición:1
Número de páginas:168
Tamaño:14x21.5cm.
Encuadernación:Tapa blanda o rústica
Soporte:Impreso
Idioma:Español

Reseña

Play Ball. Historia del beisbol en Aguascalientes (1883–1940) reconstruye la llegada, arraigo y consolidación del “Rey de los Deportes” como parte de la transformación social, económica y cultural de Aguascalientes entre el Porfiriato y la posrevolución. El texto parte del arribo del ferrocarril en 1883, evento que abrió la puerta a la modernidad, al capital extranjero y a las influencias culturales procedentes de Estados Unidos. Con los ingenieros y obreros ferroviarios llegó también un nuevo pasatiempo: el beisbol, que pronto pasaría de ser una curiosidad extranjera a convertirse en una práctica profundamente enraizada en la identidad local.
Durante el régimen de Porfirio Díaz la promoción del deporte formó parte de un proyecto civilizatorio más amplio, se veía en la actividad física un instrumento de moralización y disciplina, capaz de alejar a los trabajadores del alcohol y de los “vicios populares”. En ese contexto, el beisbol fue adoptado por las élites y promovido entre los obreros como ejemplo de modernidad, cooperación y autocontrol. Las primeras novenas de Aguascalientes (el Aguascalientes Americano y el Aguascalientes Mexicano) surgieron en los patios de los talleres ferroviarios y en los terrenos de la fundición Guggenheim, simbolizando el encuentro entre el capital extranjero y la mano de obra local.
La obra muestra cómo el crecimiento industrial, el afrancesamiento cultural y la urbanización transformaron la vida social de la ciudad. Aguascalientes pasó de ser una villa agrícola a una urbe industrial con barrios obreros como la Colonias Ferronales y la Gremial Ferrocarrilera, donde el “riel” y el beisbol se entrelazaban como símbolos de progreso. El juego representaba no sólo entretenimiento, sino una herramienta de cohesión y una forma de participación comunitaria. Los domingos se convirtieron en días de fiesta popular, con familias completas asistiendo a los partidos en los campos de Arboledas y Delta, donde mujeres y niños hallaban un espacio de convivencia moralmente aceptable.
El texto también aborda las tensiones de la modernidad porfiriana. Mientras las élites cultivaban el gusto por la moda europea y las tertulias literarias, los obreros creaban su propia cultura en torno al trabajo, la música popular y el deporte. En las crónicas de prensa, el beisbol aparece como alternativa a los espectáculos “bárbaros” (como las corridas de toros o las peleas de gallos) y como símbolo del progreso material y moral que las autoridades locales buscaban proyectar. En las celebraciones del Centenario de 1910, el gobernador Alejandro Vázquez del Mercado sustituyó las corridas por torneos de beisbol, consolidando el carácter oficial del deporte como expresión de modernidad y civismo.
Durante la Revolución Mexicana, a pesar del conflicto armado, el juego de pelota no desapareció. Los torneos siguieron celebrándose y, según la prensa, las gradas se llenaban “como si no hubiera más preocupaciones que anotar carreras”. En esos años surgieron equipos como El Riel, formado por trabajadores ferroviarios, y los Piratas, integrados por estudiantes y empleados. Estos encuentros no solo fueron espectáculos deportivos, sino espacios de neutralidad y solidaridad donde coincidían obreros, soldados y familias de distintas clases sociales. Incluso se organizaron partidos con fines benéficos para apoyar hospitales o damnificados, reforzando el carácter comunitario del juego.
El libro culmina mostrando cómo, hacia 1940, el beisbol había dejado de ser un deporte foráneo para convertirse en parte integral de la identidad hidrocálida. Desde los campos improvisados junto a los talleres hasta los primeros estadios con gradas, el juego acompañó los procesos de industrialización, nacionalismo y reconstrucción posrevolucionaria. Fue un reflejo de la historia social de Aguascalientes: nació al calor del ferrocarril, sobrevivió a la Revolución y se consolidó como símbolo de unión y pertenencia.
Más allá de la crónica deportiva, Play Ball es un relato de modernidad y cultura popular, una historia donde trabajo, ocio y nación se entrelazan en el diamante. El beisbol no sólo transformó el paisaje urbano, sino que moldeó formas de convivencia, identidad y orgullo colectivo que siguen resonando en la memoria de la ciudad.

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