Anclándonos al mundo
(la atención como umbral de la certeza)
La mente humana cuenta con capacidades de distanciamiento – tales como el razonamiento, la introspección o la contemplación – que la alejan del mundo. Estas capacidades son muy importantes: nos permiten leer textos por horas, pensar en abstracciones matemáticas y en ficciones, e ignorar nuestro alrededor para (paradójicamente) reflexionar acerca del entorno y su modo de ser. No es casualidad que la filosofía – una disciplina que persigue la racionalidad y aspira a la abstracción –, particularmente en occidente, haya centrado su atención en estas capacidades. La creencia, en particular, ha sido la unidad básica para la evaluación de nuestras capacidades de raciocinio y abstracción. El conocimiento, sin embargo, no puede simplemente estar basado en capacidades de distanciamiento. Necesitamos de algún modo anclarnos al mundo. Los mapas que nos ayudan a movernos y a comprender el entorno deben corresponder a la realidad y para que esto sea el caso necesitamos capacidades de anclaje. Éstas últimas han sido ignoradas en la teoría del conocimiento. En este libro, explicamos cómo la atención es la capacidad fundamental que nos ancla al mundo. Sin ella deambulamos sin amarre. En el mundo de la percepción, la atención nos ancla a la particularidad de los objetos. En el mundo social, la atención nos permite apreciar la singularidad de las personas. La atención conjunta nos ancla en relaciones que nos constituyen como parte de la fábrica social. Una filosofía basada en la atención abre puertas para unificar nuestra teoría del conocimiento con la ética y la filosofía política que sólo el anclaje cognitivo permite. Nuestros anclajes cognitivos fundamentan la relación entre el conocimiento y la libertad.