Estilo libre
¿Por qué nadamos los que nadamos? muchos dicen que se relajan, y sí, el agua es una dimensión física. El agua es matriz, vientre, planeta, etc., lo que queramos usar como metáfora. Yo nado para no pensar. Estuve en trabajos muy estresantes (que a otros colegas no estresaban, sólo a mí: editar textos que debían caber en un machote muy específico, con preguntas, bullets, palabras clave, con una extensión determinada, etc.) y nadar me ayudaba a “trabajar esos textos” de otra forma, y al salir, por lo general, había hallado la solución.
Karla Gasca escribe este libro que toca de cerca un lugar al que todos pertenecemos: este limbo entre tener o no un cuerpo. Recordar que estamos en movimiento, aún. Que somos sumergibles, submarinos imperfectos. Prosa poética, ensayo personal, relato autobiográfico, su composición fragmentaria no se desvía del centro: una persona, un cuerpo, una memoria, una conciencia, una familia que nos pertenece desde el pasado, desde ese más allá que va y viene como un oleaje olvidado.
Un cuerpo de mujer en la alberca con traje de baño gastado pertenece al mundo que es más amplio, pero por ese minuto, ocupa ese espacio particular. Nadar es conciencia de lo otro pero sobre todo de uno mismo: ocupamos un carril que debemos compartir con desconocidos. Un cuerpo semidesnudo, con cierta resistencia, respira, emerge, respira, emerge.
¿De qué somos conscientes ahí abajo? ¿Por qué las albercas deben ser azules o verdes? ¿Cómo sería nadar en agua naranja o amarilla? Nadar es concentrarse, repetir, cansarse. Ver si queremos ver. Olvidar si queremos olvidar.