Heralda
Alguna mortal tenía que decirlo o escribirlo, corriendo el riesgo a ser vista como peculiar o desagradablemente extraña. Cuando se lean en mis líneas caerán en un abismo oscuro, tan oscuro como un arcoíris., sabrán de la esperanza y del alivio que se siente al denunciar sucesos de la vida cotidiana donde la maldad y la violencia han sido normalizados, donde la muerte, desaparición de personas y abusos a las infancias son notas rojas leídas con tono aplanado por los informantes de los noticieros., leen igual el festejo de una Copa Mundial como el feminicidio de una empleada doméstica o de una “trabajadora sexual”. La falta de amor y compasión entre seres humanos da cabida a un interminable camándula de vejaciones, que no se sanan con poemas, pero sí abren camino para la denuncia, dejando de lado parcialmente el anonimato, porque aún pesa la revictimación. Soy solo un paso hacia adelante, firme., con el otro pie en el aire.