De la montaña blanca a las Américas
La narrativa familiar se remonta a 1873 en el corazón de Monte Líbano bajo el Mutasarrifato, una época tejida de esperanzas renovadas ante persistentes dificultades. En este escenario de valles y montañas, donde la historia libanesa late con fuerza, nuestra familia –como tantas otras– emprendió el camino de la migración. Dejaron atrás el Bled, el hogar, la montaña blanca, símbolo de su patria, cargando consigo toda una herencia de siglos de tradición, cultura y espiritualidad.
Las Américas se abrieron como un horizonte prometedor, donde supieron integrarse y enriquecer a sus nuevas comunidades. Así, al igual que miles de familias libanesas que emigraron, contribuyeron con gratitud y esfuerzo al desarrollo de las regiones de los países que les ofrecieron acogida, sin perder nunca de vista la montaña blanca que un día los vio partir.