Navegar la pandemia
Tiempos, espacios y experiencias del Covid-19
Una de las principales virtudes de este libro es reunir trabajos elaborados desde diferentes disciplinas que aportan miradas complementarias a uno de los fenómenos más complejos y críticos que la humanidad ha enfrentado desde la Segunda Guerra Mundial y que ha tenido un alcance en términos globales incluso mayor que ese conflicto. En este sentido, consideramos esta obra como un ejercicio necesario para arrojar luz sobre una coyuntura que sin duda ha marcado un antes y un después en la historia contemporánea.
Los trabajos aquí reunidos se construyeron, además, habiendo quedado atrás los momentos más álgidos y de mayor incertidumbre de la pandemia, lo cual permite plantear reflexiones con mayor perspectiva y sin que estén de manera directa o indirecta influidas por la urgencia por entender lo que estaba aconteciendo durante las primeras etapas de la emergencia. Esta “distancia temporal” es la que hizo posible poner el foco en temas que no habían sido analizados de manera sistemática previamente, considerando información, datos y evidencia que no estaban disponibles con anterioridad.
Este libro hace una reflexión específica sobre las categorías y las fuentes de información que empleamos para entender la relación entre el covid-19 y el problema de investigación abordado en cada trabajo. Desde una perspectiva multidisciplinaria, los aportes reunidos en este libro nos ofrecen una mirada que nos permite revisar el significado mismo de la pandemia y sus reverberaciones en múltiples escalas. Para dar cuenta de esta diversidad de entradas, la obra está organizada en tres partes que agrupan temáticamente los capítulos.
Primera parte
En el primer capítulo del libro, Isaac Cisneros se pregunta sobre el impacto que la información tiene en la percepción de los ciudadanos. Analiza en qué medida la exposición a información noticiosa, a las defunciones y a los casos confirmados de la enfermedad covid-19 influyó sobre lo que las personas creían acerca de sus posibilidades de contraer la enfermedad. El capítulo muestra con claridad la relevancia de entender las estrategias de comunicación —qué, cómo y quiénes comunican— para entender las percepciones y los comportamientos de los ciudadanos en torno a la pandemia.
El segundo capítulo, de Beatriz Novak, Álvaro Hernández y Daniel Lozano, aborda la mortalidad por covid-19 de la población indígena en México en 2020 y 2021. Los autores señalan que toda la población mexicana tuvo un riesgo alto de mortalidad,
pero éste fue 50% mayor para la población indígena, lo cual no se redujo entre 2020 y 2021 pese a las medidas sanitarias introducidas. El capítulo apunta a que este gran diferencial en el riesgo de mortalidad refleja las desventajas estructurales que históricamente ha enfrentado la población indígena, pero también la falta de acciones de salud dirigidas específicamente a estas comunidades.
En el tercer capítulo, Nathaly Llanes y Edith Pacheco estudian la dimensión emocional-afectiva del trabajo de cuidados no remunerado durante el periodo de confinamiento por covid-19. Las autoras analizan las respuestas de una encuesta en línea de mujeres unidas que tenían hijos entre 0 y 12 años en los primeros meses de la pandemia en México, cuando se implementaron políticas de confinamiento. Sin dejar de discutir las posibles limitaciones metodológicas del estudio, muestran la utilidad del mismo para entender los estados emocionales de estas mujeres y su trabajo de cuidados.
A lo largo del cuarto capítulo, son abordadas las desigualdades de género por Rocío A. Castillo, Cristina Herrera y Carolina Agoff. Analizan la violencia contra las mujeres durante la pandemia y las acciones gubernamentales puestas en marcha. Las autoras documentan cómo ocurrió otra “pandemia sombra” a la par que la de covid-19: a medida que aumentó la demanda de apoyo psicológico y doméstico, la respuesta gubernamental fue limitada y las acciones de las organizaciones no gubernamentales (ONG) fueron insuficientes. Esto último pese a los esfuerzos encomiables realizados en un contexto en que los servicios de atención a víctimas de violencia fueron declarados como no esenciales y las propias organizaciones de la sociedad civil (OSC) habían visto reducidos sus recursos, revelando la fragilidad
de la articulación entre las instituciones gubernamentales y las organizaciones civiles.
Segunda parte
El capítulo quinto elaborado por Marisela Connelly se centra en analizar el efecto de la pandemia en el orden internacional, y en particular en la relación entre China y Estados Unidos. Las dinámicas de competencia y conflicto entre ambos países se profundizaron con la crisis derivada de la expansión del covid-19, al tiempo que desnudaron la dependencia de dichas economías de los intercambios globales. En el caso estadounidense la primera reacción fue profundizar el camino proteccionista y aislacionista impulsado por el gobierno de Trump, lo que permitió a China desplegar acciones diplomáticas en diversas regiones del “Sur global”, centradas primero en la provisión de insumos médicos y luego de vacunas. La pandemia además dejó en claro las tensiones en la región del Indo-Pacífico a partir de la intención de Estados Unidos de limitar la influencia china.
En el sexto capítulo, Hilda Varela se concentra en los efectos en el África subsahariana, detallando los desafíos comunes, pero al mismo tiempo la heterogeneidad que se observó en las respuestas que los Estados dieron a la situación. En la región en su conjunto, las políticas de confinamiento generaron consecuencias importantes, que además se vincularon con la caída importante en la economía. La situación planteó la necesidad de que los gobiernos adoptaran diversas acciones, pero su ímpetu estuvo definido por las capacidades con que contaban los Estados. Éstas mostraron ser particularmente divergentes. Este análisis general se complementa con la comparación de dos casos representativos: Mozambique y Botsuana. La confrontación de la experiencia de ambos países no sólo deja en evidencia la divergencia en las respuestas, sino además en qué medida la política de confinamiento fue utilizada en algunos casos (como en Mozambique) con fines de persecución política y ahondó las tendencias autoritarias que ya se venían desarrollando.
El séptimo capítulo, de Jorge Fernández, se centra en la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda (DSSI, por sus siglas en inglés), impulsada por el G20, que consistió en un aplazamiento en el pago de los servicios de deuda de los países más
pobres durante los años más duros de la pandemia. El trabajo plantea que si bien esto permitió a distintos países contar con recursos que pudiesen ser destinados a medidas necesarias para atender la emergencia, sus efectos resultaron limitados. Lo anterior se debió a que la iniciativa no implicó la reducción de las obligaciones crediticias, sino simplemente una postergación de los pagos, y porque en el esquema no participaron los acreedores privados. A esto se sumó que durante los años previos a la pandemia la deuda de muchos de estos países se había incrementado. El capítulo finaliza considerando la iniciativa denominada “Marco común para los tratamientos de la deuda más allá de la DSSI”, que surgió como continuación natural del esquema previo y con la intención de que sirviese para el escenario pospandemia.
Tercera parte
El octavo capítulo, de Tania P. Hernández y Niktelol Palacios, se enfoca en las políticas
de traducción e interpretación desarrolladas en el caso mexicano en torno a lenguas minorizadas, considerando en particular lenguas indígenas y el lenguaje de señas mexicano. El trabajo analiza el marco legal que instaura los derechos lingüísticos para luego concentrarse en los materiales traducidos durante la pandemia para garantizar a la población en su conjunto el ejercicio pleno de dichos derechos. En este sentido, se describen no sólo diferentes estrategias de traducción e interpretación, sino que se pone también el foco en actores involucrados en el proceso, como la Secretaría de Salud, el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali) e intérpretes que de manera voluntaria se involucraron en las tareas.
El noveno capítulo, de María Hernández, Madeline Baird, Heather M. Wurtz, Sarah S. Willen y Katherine A. Mason, se centra en el ámbito educativo, uno de los que mayores disrupciones evidenciaron durante la pandemia por el cierre de las instituciones y el pasaje a la enseñanza en línea. A partir de la información surgida de un proyecto más amplio denominado “Pandemic Journaling Project”, el trabajo analiza las percepciones, los sentires y las vivencias de 41 estudiantes de instituciones
mexicanas de educación superior en relación con los efectos negativos, así como los beneficios que generaron estas transformaciones. El caso mexicano resulta particularmente relevante para abordar el tema, ya que el periodo en que las escuelas y universidades no realizaron actividades presenciales resultó de los más largos a nivel mundial. Como efectos negativos, las y los participantes en el estudio destacan la desmotivación observada en maestras y maestros, las dificultades para acceder a la tecnología necesaria para participar en clases y actividades virtuales, así como las afectaciones en términos de salud mental que generó la situación. Sin embargo, en el capítulo también se señala que los y las estudiantes perciben que la educación en línea les permitió generar un mejor equilibrio entre la vida personal y el estudio, al eliminarse los tiempos de traslado (particularmente sustantivos en varias ciudades de México), les ayudó a adquirir nuevas habilidades y dio lugar a la adopción de nuevas prácticas en el proceso de enseñanza-aprendizaje que se pudieron incorporar pasadas las etapas más complejas de la emergencia y la vuelta a la normalidad.
En el décimo capítulo, Lourdes Quiroa y Carolina Palacios, el foco analizan cómo las bibliotecas de las instituciones de educación superior desarrollaron estrategias para enfrentar la situación y continuar prestando sus servicios en un nuevo contexto. Éstas no sólo debieron incorporar nuevas tecnologías para continuar prestando sus servicios, sino además debieron repensar los espacios una vez que las medidas de confinamiento comenzaron a relajarse. Luego de realizar un análisis de diferentes investigaciones que han abordado el tema en diferentes regiones del mundo, las autoras se concentran en presentar y analizar información comparada sobre las bibliotecas de seis instituciones de educación superior mexicanas ubicadas en diferentes zonas del país.
En el doceavo capítulo el libro, Tabinda Mahfooz Khan propone que durante la pandemia surgió una nueva forma de compartir el conocimiento, en la que los participantes no están limitados por la presencia ni proximidad material. Sin duda estos nuevos espacios incluyen las clases virtuales (como discuten Hernández y colegas en su acápite), pero van más allá: se trata de espacios digitales donde personas con inclinaciones intelectuales similares se reúnen para intercambiar conocimiento y momentos de intimidad en estos “salones intelectuales de Zoom”. Khan sugiere que el Grupo de Poesía Urdu de Columbia, del cual fue parte y ahora analiza aquí, es un ejemplo claro de estos salones virtuales intelectuales, que ayudó a “acortar distancias” entre apasionados de la poesía urdu a lo ancho de todo el mundo. La importancia de estas instancias es que funcionan como una nueva espacialidad que no sólo propicia la producción epistémica sino también acerca a las personas en sus ámbitos más sensibles y humanos. Esta dimensión íntima, no hay
que olvidarlo, es parte de la experiencia de la vida y, por supuesto, es otra de las tantas que fueron influenciadas por la pandemia, sin importar la posición geográfica.
El treceavo capítulo, a cargo de Jean Bosco Kakozi Kashindi, recurre a la filosofía Ubuntu (practicada por el pueblo bantú, en la región de los Grandes Lagos Africanos) para cuestionar si la manera en que navegamos la pandemia nos ha acercado o alejado entre individuos y comunidades. De la filosofía Ubuntu retoma su noción del tiempo, la cual es cíclica —al contrario de la occidental, que es lineal— y necesita de la inclusión del pasado ancestral y de la alteridad. Desde esta perspectiva, entonces, no es posible imaginar el futuro sin incluir a “los de antes” y a “los otros”; es decir, si queremos avanzar y mejorar tras la pandemia, es indispensable considerar a las personas que vinieron antes de nosotros (incluyendo a las fallecidas por covid-19) y desmontar las prácticas del poder que siguen minorizando a diversos grupos. Las críticas de Kakozi a las incoherencias políticas y sociales de la pandemia son contundentes. Sin embargo, a través de sus razonamientos con la filosofía Ubuntu, también nos muestra que podemos mejorar nuestras relaciones humanas y, con ello, construirnos un mejor futuro en común.