Primogénita de la Nueva España
Contrapunto de tiempos y voces del Tabasco virreinal
“Primogénita de la Nueva España”, donde “vive de asiento la primavera”; así calificó a la provincia tabasqueña José Eduardo de Cárdenas, al acudir a representarla como diputado en las Cortes de Cádiz.
Las imágenes elogiosas que se escucharon en esas Cortes, no eran nuevas. Tabasco, entró a la historia occidental calificada como "la mejor [tierra] que el sol alumbra", el 8 de junio de 1518, cuando la armada de Juan de Grijalva se topó con el caudal que los habitantes, y hasta en¬tonces señores de la tierra, llamaban Tabasco, y que los hispanos rebautizaron con el nombre de su capitán: Río de Grijalva.
A partir de entonces, la provincia fue piedra sillar en la constitución del Virreinato; a través de ella las huestes de Cortés abrieron el camino a la Corona española; fue por una de sus provincias, la de Xicalanco, por donde se lograría conquistar el universo maya peninsular, y fue en otra de ellas, Itzamkanac, donde el poderoso pasado mexica terminaría, junto con su tlatoani, colgado de un árbol.
Su enmarañada hidrografía y sus inextricables paisajes desalentaron largo tiempo su cabal colonización; sólo su cacao tenía el poder de convocar, dos veces al año, a los ambiciosos mercaderes de los altiplanos centrales. Sus historiadores tampoco han sido particularmente abundantes. La antología de documentos, y reflexiones sobre ellos, que conforman este libro aborda temas de interés para la compresión del devenir histórico de Tabasco, en fases como las de la conquista, la colonización temprana, la evangelización, el apogeo del comercio o la relativa a las Cortes de Cádiz. Todo ello, con el objetivo de mostrar que, pese al estado de oscura orfandad en que la colocaron las políticas europeas, y más tarde el centralismo republicano, la provincia halló en el reflejo de sus aguas y la tenacidad de sus hijos, elementos suficientes para brillar con una luz propia e irrepetible.