Oleaje de agua profunda
Jimmy hasta hace poco tenía esposa e hijo. Lo
que vemos ahora es lo que se convirtió después de
la desaparición del hijo, Ramiro. Jimmy y su amigo
Enrique, incondicional, ofrecen la autopsia no del cadáver
predecible del hijo sino de una ciudad ahogada
en la extorsión, en el cobro de piso, en la vendetta repetida
como una canción en la radio. Jimmy es alcohólico.
Despierta con vodka o lo que encuentre. Vive a
modo de cruzada que podríamos decir tropical: trágica,
pero con algo de encanto en medio de todo: los
meseros, las prostitutas, los taxistas serán su guía en
este viaje al centro de la noche, al centro de lo sórdido,
lo sucio. Porque Jimmy no tiene otra fe que saber
qué pasó con su hijo. Y no va a irse de ahí hasta tener
una respuesta.