Con todo
Tyler Neumann lleva años buscando a su padre, y no porque tenga ganas de conocerlo. Lo que quiere es destruirlo y, con tal de lograr llevar a cabo su venganza, manipulará a quien haga falta. Eso incluye a Stella McCormick: la encarnación de todo aquello que Tyler detesta. Su riqueza y su posición social la han protegido durante toda la vida, y Tyler opina que ya va siendo hora de que pague el precio del privilegio, esté lista o no. Stella no cree en el amor a primera vista, pero el odio a primera vista es otra cosa. Desde el momento en el Tyler pone un pie en su estudio de tatuajes, lo cala como el demonio que es, y está claro que quiere hacer de su vida un infierno. Stella se ve forzada a hacerse pasar por la pareja de Tyler para darle acceso a su familia, y se da cuenta muy rápido de cuáles son sus motivaciones. Sin embargo, el amor y el odio son dos caras de la misma moneda, y Stella no tarda en preguntarse qué es peor: que el hombre que está empeñado en hundirla la chantajee o que parezcan incapaces de mantenerse alejados el uno del otro