San Andres Bessette
El más grande devoto de san José
Introducción
El libro sobre la vida de San Andrés Bessette suele presentar la historia de un hombre sencillísimo que, humanamente, parecía no tener nada extraordinario… pero que dejó una huella inmensa por su fe humilde y su confianza total en San José.
Nació en 1845 en Quebec, Canadá, con el nombre de Alfred Bessette, en una familia muy pobre. Quedó huérfano desde niño y tuvo muy poca educación formal. Además, su salud era frágil toda la vida. Nadie habría imaginado que ese muchacho débil y sin estudios llegaría a ser uno de los santos más queridos de América del Norte.
Ingresó a la Congregación de la Santa Cruz, pero sus superiores dudaban porque parecía físicamente incapaz de sostener la vida religiosa. Finalmente lo aceptaron… como portero del colegio. Y ahí pasó más de 40 años: abriendo puertas, recibiendo visitas, escuchando problemas.
El libro suele mostrar cómo, desde ese lugar escondido, comenzó una misión sorprendente. Tenía una devoción profundísima a San José y recomendaba a todos acudir a él con confianza. Con el tiempo, muchas personas empezaron a atribuirle curaciones y favores extraordinarios. Él siempre decía:
“Yo no hago milagros. Es San José.”
Su fe sencilla movió multitudes y fue el gran impulsor del Oratorio de San José en Montreal, hoy uno de los santuarios más grandes del mundo dedicados al santo custodio.
Pero lo más hermoso del libro no son los milagros, sino su espiritualidad:
– humildad radical
– oración constante
– confianza absoluta en la Providencia
– servicio silencioso
– amor a los enfermos
San Andrés enseña algo muy fuerte: no se necesita talento extraordinario para ser santo. Se necesita fidelidad en lo pequeño.
Fue canonizado en 2010 por el Papa Benedicto XVI.